10 de julio de 2010

2. Rio de Los Sauces



"(...) las aguas no son muchas,
las cuales dicen se secan y faltan las secas
menos el año que es abundante de aguas (...)"




Instrumentos de la hacienda 
de San Miguel de los Alba, 1751







La Región de Los Altos, se agrupa dentro de la Región Hidrológica No. 12 “RH12”, donde queda comprendida la Cuenca Verde-Grande, que es una de las más importantes del estado de Jalisco, integrada por 20 municipios. El 80% de la superficie del territorio Alteño, está cubierto por la subcuenca del Rio Verde, ubicándose el municipio de Encarnación sobre su margen Izquierda.[1]

La corriente principal de nuestro municipio es un río que nace al noroeste, por la región de Pinos, Zacatecas. Durante el virreinato era conocido como “Rio de los Sauces”, pero en épocas recientes ha tomado diversos nombres, siendo uno de ellos el de Rio Encarnación, nombre que recibe al atravesar el municipio y ciudad. El caudal de este río, ya muy al poniente, se une al “Rio Santa María/Agostadero”, y con el nombre de Rio Chico, en el paraje llamado las juntas, se une al “Río Verde”, hasta confluir en la Barranca de Huentitán con el “Rio Grande de Santiago” y desembocar en el Océano Pacífico (Análisis Geoeconómico, 1979:20; Hernández Lugo, 1984: 2; Los Municipios de Jalisco, 1988: 273; Hernández Chávez, 2000:25 y 26).


El análisis de las primeras mercedes o repartos de tierra a los conquistadores y los registros sacramentales que se resguardan en las antiguas Notarias Parroquiales de la Región, nos permiten afirmar que por un determinado tiempo el Rio de la Mololoa, llamado por los Españoles “Rio de Santa María”, y parte de la Sierra del Tequán, sirvieron como uno de los límites naturales, primero entre la parroquia de Teocaltiche erigida en 1550, de indios Caxcanes y la parroquia de Jalostotitlán, segregada en 1572 para atender a los indios Tecuexes;[2] luego entre la parroquia de Jalostotitlán y la parroquia de la Villa Española de Santa María de los Lagos, para servir en el siglo XVIII de límite entre las recién creadas parroquias de San Juan en 1769 y la de Nuestra Señora de la Encarnación en 1778.

En tiempos prehispánicos, el Rio Grande, era llamado Chiconahuapan, el río de las nueve corrientes que habían de atravesar los muertos, guiados por sus perros, para llegar al Mictlán, su morada final. Constituyéndose en la parte nuclear del Occidente de México; región que se distingue del resto de Mesoamérica por estar conformada por una amplia variedad de influencias culturales.[3]


La ubicación de las tierras del actual Municipio de Encarnación, permitió la creación de rutas migratorias como zona de paso; la diversidad de nichos ecológicos a su vez, en su momento, facilitaron los asentamientos humanos, en especial alrededor del período entre el 150 al S. XVI d C. Según los estudios arqueológicos efectuados entre los años de 1969 y 1974 por la Arqueóloga Betty Bell, los pobladores prehispánicos más antiguos de la región de los Altos, son los que se han localizado en los Valles de Teocaltiche, en torno al llamado Cerro Encantado,[4] habitado entre los años 100 y 250 después de Cristo. Determinándose así una encrucijada de caminos, en la que se recibía varias corrientes de influencia mesoamericana (De Anda Sánchez Nicolás, Historia de Teocaltiche pueblo de la Región Caxcana, S/F:11y 12).


Al poniente del municipio, en la Meseta del Tule,[5] cercana al manantial del Montecillo, se encuentran vestigios de terrazas habitacionales y cimentaciones de recintos elaborados con piedra y lodo; este asentamiento parece estar ligado con la cultura del perímetro de Teocaltiche, ocupado por Tecuexes y después por Cazcanes, conservando así, similitud con los vestigios del Cerro del Tuiche o Peñol de Nochiztlán en Zacatecas. Al pie de la Meseta del Tule, nace un manantial de aguas termales, cuyas tierras fueron mercedadas el 15 de enero de 1567 a Juan Morales: “a la parte que se nombra atotonilco, enfrente de un cerro que llaman Tepetitlán” [6] (Hernández Chávez Rodolfo H., El Desarrollo de la arquitectura en la ciudad de Encarnación de Díaz, Jalisco: una aproximación a su conocimiento y salva guardia, 1993:271-274; La Alfarería de Encarnación, Supervivencia Tipológica en el norte de la Meseta Alteña, copia mecanoescrita, 1996:s/p; 2000:38 y 87; El Señor de la Misericordia de Encarnación, un histórico panteón y el ancestral ritual de la muerte, 2008:44 y 45).


Por su parte el equipo del arqueólogo Antonio Porcayo Michelini demostró que en los Altos de Jalisco existió una frontera de contención contra el avance de las tribus Toltecas de occidente asentadas en la zona oriental del Valle de Lagos y al pie de la Sierra de Comanja, donde encontró testimonios de la fuerte influencia de la cultura Teotihuacana. Prueba de ello son los centros habitacionales y ceremoniales Tecuexes, construidos en las cimas de los cerros a manera de fortaleza en Jalostotitlán, Cuautla y Teocaltitlán su ciudad sagrada (Para entender el pasado de los municipios segregados de la Jurisdicción Laguense, son una consulta obligada las diversas obras e investigaciones de los hermanos Gómez Mata; entre ellas la de Gómez Mata Carlos, Lagos indio, 206:26,27; y la de Gómez Mata Mario, Apuntes Históricos de Teocaltitán de Guadalupe Jalisco, 2007:12 y 17).

Hacia el año 1,028 d.c. los asentamientos de la zona de los Altos desaparecieron a raíz de una intensa sequía que azotó inmisericordiosamente toda la región, provocando guerras, destrucción y abandono hasta que en el siglo XV aparece la presencia de una gran oleada de nuevos grupos nómadas y semisedentarios, procedentes del norte, llamados genéricamente Chichimecas, quienes ocasionaron el repliegue de los grupos sedentarios (Porcayo Michelini Antonio, Testimonio de una Colonización Efímera, Historia Pprechichimeca de Lagos de Moreno, Jalisco, 2002:53; INAH/CFE, “Presencia de Grupos Nómadas y Seminómadas en la Porción Norte de los Altos de Jalisco”, Revista del Seminario de Historia Mexicana Vol. V, “Jalisco, Arqueología e Historia”, Numero especial 2004:13).

En el oriente del municipio, en los límites con Lagos de Moreno se encuentra la sierra llamada anteriormente “Sierra del Tecuán”,[7] que corre de norte a sur, donde se han encontrado vestigios de asentamientos prehispánicos en: Tepozán de Miranda, donde se ubican ruinosas hiladas de piedras,[8] que marcaron cimientos y el arranque de muros para chozas de materiales perecederos, correspondientes a los divisaderos de pueblos cazadores y recolectores, semisedentarios, llamados Chichimecas; construcciones similares, restos de cerámica, instrumentos para la molienda y hachas de piedra se han localizado en terrenos de la Hacienda de Santa Bárbara, y de la Hacienda de Mariquita, además en esta última existe una zona de petroglifos[9] prehispánicos en el arroyo de “Mololoa[10]” , contigua al “Cerro del Chiringuato[11]”, y a la llamada “Loma de los Tochos[12]” (Hernández Chávez Rodolfo H., 1996:s/p; 2000:38 y 87; 2008:45 y 46).

Esta zona, ha sido estudiada meticulosamente por el Arqueólogo Antonio Porcayo Michelini, para quien, los sitios en mestas o en lugares inaccesibles y defensivos corresponden al momento del contacto español, pues después de la llegada de estos no pasó más de un siglo en que dejaran de vivir a su antigua manera (INAH/CFE, 2004: 17 y 18).

También observó que tanto Guachichiles[13] como Zacatecos[14] se asientan casi simultáneamente en ruinas y montículos prehispánicos de grupos sedentarios pertenecientes a los antiguos alteños, y arqueológicamente no se pueden establecer las diferencias entre Guachichiles y Zacatecos, pues al parecer es un mismo grupo que se dividió en grandes tribus, independientemente de lo que mencionan las fuentes históricas.

Según las crónicas y documentación elaborada en el siglo XVI, entre los grupos de Chichimecas que habitaron la región, se encuentran los Zacatecos, que fijaron su posición en el actual estado de Zacatecas; los Cazcanes[15] o rústicos mexicanos, quienes arrebataron a los Tecuexes los pueblos del Teul, Tlaltenango, Nochiztlan y Teocaltiche; y los Cuachichiles, que ocuparon la zona despoblada de los Valles de Lagos, Aguascalientes y San Luis Potosí (Gómez Mata Mario, 2007: 27 y 28. Para saber más de estos pueblos históricos recomendamos el libro del Dr. en Historia Don José Antonio Gutiérrez Gutiérrez, titulado: Los Altos de Jalisco, 1991: 55- 99).

Los llanos desérticos del norte del municipio en los límites con el estado de Aguascalientes, conocidos como “Chichimequillas”, fueron ocupados por nómadas que subsistían gracias a la caza y la recolección. Fungiendo la parte central de Encarnación como un corredor de acceso natural para las incursiones de los Zacatecos, quienes dejaron diseminadas herramientas líticas y puntas de flecha de pedernal[16] por todo el territorio (Hernández Chávez Rodolfo H., 1996:s/p; 2000:38 y 87).

En el momento de la conquista española, el Rio Verde era la división natural entre la Teul Caxcana, al poniente y los Teules Chichimecas, al oriente. [17] Territorio que fue nombrado por los conquistadores como Los Llanos, y que sirvió para alimentar a los animales procedentes de la Nueva España por su abundancia de pastos. Tras el descubrimiento en 1546 de las ricas minas en los Zacatecas, en 1549 se abrieron nuevos caminos entre Zacatecas y la rica zona agrícola de Michoacán como abasto de ganado de esas tierras, creando los Oidores de la Nueva Galicia, la Alcaldía Mayor de los Pueblos Llanos; en 1550 fray Sebastián de Aparicio, inicio la construcción del gran camino carretero México-Zacatecas, ambas rutas por tierras chichimecas, invadieron el ancestral territorio de caza y recolección de los indómitos Cuachichiles quienes se replegaban hacia inhóspitos parajes, con la finalidad de asaltar y asesinar sorpresivamente a los colonizadores, causando además muchos daños en las estancias que los españoles poseían. (La población y la propiedad de la tierra en la región de los altos durante el periodo Virreinal, son abordados magistralmente por la Doctora Celina G. Becerra Jiménez, en su obra Gobierno, justicia e instituciones en la Nueva Gálica, La alcaldía Mayor de Santa María de los Lagos 1563-1750, 2008:60 y 63; Robert Ricard, La Conquista espiritual de México, 1994:239; Powell Philip Wayne, La Guerra Chichimeca, 1550-1600, 1977:32 y 33; Hernández Chávez Rodolfo H., “Origen de la ganadería y la formación de las haciendas y los ranchos en la comarca de Encarnación”, en 50 años Asociación Ganadera Local de Encarnación de Díaz, Jal. 1959-2009, 2009:7).

En comunicación personal con el arqueólogo Antonio Porcayo Michelini el 26 de marzo del 2003, me comentó haber encontrado en la Sierra del Tecuán, en tierras del municipio de Encarnación, áreas de concentración de instrumentos líticos, en lugares que sirvieron para el destazamiento de animales como las mulas, que los Guachichiles seguramente robaron a los españoles (Porcayo, 2004:15).

En 1561 los naturales rebeldes inician una nueva revuelta con la finalidad de cortar los suministros entre los centros mineros y las zonas agrícolas de abasto. Ese mismo año Don Hernando Martel, fue asignado Alcalde Mayor de Los Llanos y Juez de Comisión, por lo cual la Audiencia de la Nueva Galicia le mandó fundar una Villa con el nombre de Santa María de los Lagos,[18] en el punto llamado Pechititán[19] en el camino de Michoacán a Zacatecas. Dicha fundación se efectuó el 31 de Marzo de 1563, en el lugar más peligroso de los Lagos, para brindar abrigo y protección a los viajeros (Becerra Jiménez, 2008:225; Gómez Mata Mario, La Alcaldía Mayor de Lagos, Conquista y Colonización de Pechititán, 1999:45-49 y 85).

La obra pacificadora de Martel, se extendió a la captura o extermino de los indios rebeldes, según el testimonio de Melchior Hernández vecino de Lagos, quien relató:

Ha conocido al dicho Hernando Martel al cual ha visto vivir e residir en este reino de la Nueva Galicia y en este tiempo le ha visto residir e servir a su Majestad con su armas caballos e criados e otros compañeros a su costa e misión especial en ir en seguimiento de indios chichimecas salteadores en el valle de Teocaltiche e comarca de la villa de los Lagos e comarca del cerro Gordo y del Peñol Tecuán e Comanja e sus comarcas (UNED, Juicio de residencia de Hernando Martel. Fundador de Lagos, 1990:7 y 8).

Los indios al ser capturados fueron repartidos entre los encomenderos españoles, congregados en pueblos y obligados a pagar tributos, motivo por el cual, la necesidad de tener dinero para el pago de tributos, los hizo vender su fuerza de trabajo, alquilándose a cambio de un jornal y de los medios de subsistencia, por lo que se les llamo “Indios Naboríos” y trabajaban de forma permanente en estancias y haciendas agroganaderas. A cambio de liberarse del tributo, se ataron a las haciendas mediante la obligación de residencia, creciendo así el número de peones acasillados, quienes eran indios procedentes de Teocaltiche, Mitic, San Gaspar y Jalostotitlán, que al desligarse de su entorno indígena perdían toda fuerza ante la Ley (Gutiérrez José Antonio, Aguascalientes y Los Altos, Historia Compartida, “El Mercado laboral en el Siglo XVII en los Altos”, 1997:19,21 y 24).

En la jurisdicción de Lagos, a la que pertenecieron las tierras de Encarnación, se estableció un grupo de españoles que decidieron aprovechar los extensos espacios disponibles para poblarlos con manadas y rebaños, dando origen a los “modestos criadores de ganados”, quienes lograron permanecer en la región e influir en la economía local (Becerra Jiménez, 2008: 9).

La Oligarquía de Encarnación de Díaz, o grupo dominante integrado por una minoría, surge del círculo oligárquico que se consolidó en toda la Región de los Altos mediante las alianzas matrimoniales de las familias de colonos asentadas en las parroquias de Teocaltiche, Jalostotitlán, Lagos, Aguascalientes y San Juan, quienes lograron imponer el tipo de relaciones sociales que caracterizan a toda la región. En su estudio Regional Novohispano, titulado Guadalajara Ganadera, Don Ramón María Serrara menciona que a la hora de conservar las propiedades, fue sumamente eficaz el sistema cerrado de emparentamiento entre las distintas ramas de la dinastía permitiendo mantener un régimen casi clánico de intereses entre sus miembros, pues los descendientes de los primeros capitanes de la conquista, fueron los propietarios de las mejores haciendas productoras de ganado mayor y detentaban el control de la mayor parte de las exportaciones de vacuno en la región (Olveda Jaime, La oligarquía de Guadalajara, 1991:13; Serrara Ramón María, Guadalajara Ganadera, Estudio regional Novohispano, 1760-1805, 1991:127; Hernández Chávez Rodolfo H., 2009:9 y 10. Las genealogías de los conquistadores y pobladores de la Región de los Altos, se pueden consultar en la Magna Obra del Dr. Don Mariano González Leal, titulada Retoños de España en la Nueva Galicia, quien ha sido para mí un verdadero maestro al guiar mis pasos por el apasionante mundo de la genealogía).

Así comenzaron aparecer pequeñas rancherías en los espacios geográficos conocidos como: “Las Cañadas de los Charcos” y en “los Mezquitalejos”, pertenecientes al Pueblo de Teocaltiche; el “Rio de los Sauces”, “El Rio de Santa María”, “El Rio de la Mololoa” y la “Sierra de el Tequan”, pertenecientes a la Villa de Santa María de los Lagos; y “Las Peñuelas”, pertenecientes a la Villa de Nuestra Señora de la Asunción de las Aguas Calientes (Hernández Chávez Rodolfo H., “Origen de la ganadería y la formación de las haciendas y los ranchos en la comarca de Encarnación”, en 50 años Asociación ganadera Local de Encarnación de Díaz, Jal. 1959-2009, 2009:8; Para conocer más sobre la evolución del territorio del Municipio de Encarnación, recomiendo consultar mi obra titulada Conquista y colonización en el Rio de los Sauces, que está en proceso de publicación).

Fue el propio Don Hernando Martel, como Alcalde Mayor, quien el 23 de octubre de 1564 otorgó conjuntamente con la Estancia de Mariquita la merced de tierras “en un arroyo pedregoso que baja al pie del Cerro de los Gallos”,[20] lugar en el que se fundó “San Nicolás de la Estanzuela”, la cual paso a ser propiedad de Don Alonso Macías Valadez, quien participó en la fundación de Los Lagos como testigo y había sido nombrado el 25 de julio de 1563 como Regidor de la Naciente Villa (Gómez Mata Mario, 1999:47 y 49).

Como fundador y poblador de Lagos, a Don Alonso Macías se le debió de beneficiar con un solar para casa, una huerta, una caballería de tierra y una estancia para ganado menor. Al respecto el 21 de Enero de 1669 se otorgó “Un titulo y Merced de un sitio de Ganado Mayor y una caballería de tierra, librada por los oidores y alcaldes a favor de Alonso Macias Valadez, vecino de la Villa de Lagos”. En esa misma fecha se le hizo merced de “un sitio para ganado mayor en la vertiente del Peñol Tequane en el Río de los Sauces y 4 caballerías de tierra por encima de la estancia del Tequan, yendo asía el Peñol Tequan, donde hay una cieneguilla”.[21] El Sitio de Ganado Mayor, será conocido con el nombre de “Los Sauces”, y con el tiempo llegará a transformarse en la principal Hacienda del Municipio de Encarnación (Hernández Chávez Rodolfo H., 2009:8).

Por su diversidad sociorracial la Doctora Celina Becerra, considera a la Hacienda de Mariquita, representativa de las labores y estancias Laguenses en el siglo XVII. Observando que en el siglo XVIII, para el año de 1730 empieza a destacarse “Los Sauces”, junto con otros asentamientos pluriétnicos con mayor número de habitantes, donde la población mestiza aumentó de manera sostenida, desapareciendo el predominio de la población indígena al cambiar el siglo XVII, dando paso a una mayor presencia mulata y, en menor escala, mestiza (Becerra Jiménez, 2008:124, 129, 130).

También la Real Audiencia de la Nueva Galicia, el 9 de Octubre de 1567 le hizo Merced a Don Alonso de “un sitio de Venta en el Río que llaman de los Sauces, a cuatro leguas de la Villa de Lagos, además de un sitio de estancia para ganado mayor en la vertiente del Peñol del Tecuán, en el dicho Río de los Sauces”.[22] El sitio de venta se convirtió en el centro de la comarca del “Río de los Sauces”, conocido como El Sauz Grande o Sauz de los Macías, lugar donde se ubica la actual ciudad de Encarnación. Don Alonso Macías Valadez y su esposa Doña María Vázquez de Retamosa, tuvieron una numerosa familia, misma que por enlaces matrimoniales con otras familias de colonizadores, dio origen a nuevos ranchos que fueron segregados de las tierras en la comarca del Río de los Sauces, como El Rio de Macías, El Rio de Pedrosas, el Rio de los Lomelínes, Santa Anna de los Sauces, San Antonio de los Sauces, San Lorenzo de los Sauces, La Hacienda de los Sauces o San Juan de los Sauces, Los Sauces de Doña maría o Hacienda de Mariquita, Los Sauces, Los Saucitos, El Saucillo, El Sauz de Santa Ynés, El Sauz de los Cuellar y El Huejote, siendo este ultimo un nombre prehispánico para asignar a una variedad de Sauz y sus tierras formaban parte del llamado Rancho Viejo (Hernández Chávez Rodolfo H., 2009:9).

Arquitecto Rodolfo H. Hernández Chávez
Cronista de Encarnación de Díaz, Jalisco.
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[1] González López Mónica, “El medio natural de La Región de Los Altos de Jalisco”, publicado por el COJAL en Estudios Jaliscienses, No. 3, Febrero de 1991:16; CEAS, Sistema de información del Agua, Gobierno del estado de Jalisco, citando en el Plan Municipal, 2007.

[2] Además de la información publicada por el Dr José Antonio Gutiérrez, Jalostotitlán a través de los siglos, Vol. 1, 2001:120 y 125; el Acta de Erección de la Parroquia de San Juan, que me fue proporcionada una copia por nuestro amigo y colaborador para la publicación de mis libros, el Lic. Don José de Jesús Martín Flores, acucioso investigador de San Juan de los Lagos; Siendo de gran importancia el acta de erección de la Parroquia de Nuestra Señora de la Encarnación, localizada y publicada por el Maestro Don Ezequiel Hernández Lugo en 1978, a quien nuestra población le estará agradecida por sus investigaciones y publicaciones, desde su arribo en 1965.

[3] Shöndube B. Otto, “Un vasto territorio y múltiples culturas, El Occidente de México”, en Revista Arqueología Mexicana, agosto-septiembre, Vol. II, No. 9, 1994:18.

[4] Las tierras de dicho asentamiento, con la llegada de los colonizadores españoles fueron integradas en la Hacienda de San Nicolás del Tequesquite, antigua propiedad de la familia Martín del Campo. Una fracción del Tequesquite corresponde a la jurisdicción del municipio de Encarnación.

[5] Agradezco enormemente, a Don Baudelio Rodríguez el haberme mostrado estos recónditos asentamientos, para la elaboración de mi tesis profesional en 1993, quien durante décadas recorrió midiendo nuestro municipio acompañando al Ingeniero Don Reinaldo Cervantes; y al equipo de arqueólogas del INAH en Jalisco, que atendió nuestras suplicas, registrando los sitios arqueológicos y tomando muestras del material superficial.

[6] AHJ. Archivo Histórico del Estado de Jalisco, Instrumentos Públicos, Ramo Tierras y Aguas, “Instrumentos de la Hacienda de los Charcos y Atotonilquillo”. Fue la Doctora en Historia, Doña Agueda Jiménez Pelayo quien con su libro Haciendas y comunidades indígenas en el sur de Zacatecas, Sociedad y economía y economía colonial, 1600-1820, de 1989, impulsó por primera vez nuestras investigaciones en tan maravilloso acervo en búsqueda de los orígenes del territorio de Encarnación, a ella nuestro eterno agradecimiento.

[7] Palabra derivada del Náhuatl “Tecuani”, que significa “El que devora”, y que fue empleada para asignar a las bestias o fieras, como el puma o león de montaña, el lobo o el coyote, animales que solían tener su hábitat en esta serranía, donde se yerguen principalmente, el “Cerro de la Leona” y “El Peñol del Tecuán”.

[8] Conocidos como “corrales”, cimentados superficialmente y ubicados en la parte superior de las mesetas, con escaso material arqueológico, siendo evidente el carácter defensivo que buscan sus pobladores (Porcayo 2004: 14).

[9] Estos son conocidos popularmente como “los fierros”, y están asociados al arroyo que es perenne, donde se utilizaban en algún tipo de fertilidad íntimamente asociado al agua. Los Petrograbados son una de las manifestaciones más importantes, pues hacen evidente el grado de complejidad religiosa que tenían estos grupos (Porcayo, 2004:15).

[10] Es una voz hibrida Cahita-náhuatl, que significa lugar donde hay agua estancada, haciendo a lución a las charcas que se forman entre los peñascos (http://sinaloaconcordiaa.galeon.com/sind.html).

[11] Don Javier González Romo, uno de los dueños del Potrero del Chiringuato, me comentó que en dicho cerro existen unas cuevas, que por tradición familiar, sabe que fueron habitadas por los “Indios Chiringuaguas”, pero se desconoce cuál es el significado de Chiringuato (Consulta personal en 2010).

[12] Según las tradiciones recogidas por los antiguos cronistas, en el siglo IX, salieron de un lugar llamado Aztlán, quienes dieron origen a la raza Tolteca y tiempo después, en el siglo XII, procedentes del mismo rumbo, los naturales que conquistaron el Teul, Nochistlán y Teocaltiche, distinguiéndose estos de los anteriores como Rústicos Mexicanos o “Tochos”, palabra que quizá provenga del latín vulgar tuscülus, diminutivo de tuscus, que significa grosero, siendo empleado como adjetivo de tosco o inculto.

[13] A la llegada de los españoles, en 1530 este territorio era ocupado por etnias de cazadores recolectores, llamados “Cuachichiles”, del náhuatl “quaitl” cabeza y “Chichiltic” cosa colorada, por la costumbre que tenían estos guerreros de teñirse el pelo de rojo; según las descripciones de la época, estos naturales solían tatuarse: “con una raya desde el pelo de la frente hasta el labio de debajo de la nariz y dos arpones que ascienden de las sienes hasta los ojos y dos lunares en las dos sienes…tres rayas en la barba” (Según datos localizados por Mario Gómez Mata, Director del Archivo de Lagos de Moreno y publicados en La Alcaldía Mayor de Lagos, conquista y colonización de Pechititán, pp.10 y 11).

[14] Nombrados así por habitar las llanuras abundantes en pastos o Zacates.

[15] Según la versión registrada en 1584, Caxcan quiere decir en castellano: “No Hay”, pues este nombre les quedo a dichos naturales cuando los españoles que conquistaron la provincia les pedían de comer, u otras cosas, ellos les contestaban en su lengua: Caxcane. Y usando tanto de este nombre, los españoles se lo dieron a esta provincia. Por su parte Rene Acuña cree que de acuerdo con el náhuatl, la respuesta original de los naturales debió ser “Maca axcan”, que significa “No hay ahora” (Acuña, 1988:300).

[16] Se trata por lo general de puntas de proyectil erradas, disparadas contra animales o humanos, que se encuentran solas y sin asociación alguna a otros materiales. Es importante mencionar que la forma, es muy distinta a las de los sedentarios, pues son ojivales, mientras que las de los “antiguos alteños” son triangulares (Porcayo, 2004:15).

[17] ARGENA, Archivo General de la Nación, “Plano iconográfico del Reyno de Michoacan, y Estados de el Gran Caltzontzín (…)”; Para algunos especialistas de las familias lingüísticas de México, Teúl deriva de Teotl, que significa Dios, y es un adjetivo que califica a los Chichimecas como sagrados, venerados, respetables. Según otros Tetl significa gran piedra redonda, empleada para asignar así a los peñoles sagrados de los Caxcanes y Cchichimecas.

[18] La importancia de Santa María de los Lagos radica en haber sido fundada como república de españoles con el privilegio, inherente a tal calidad, de contar con un cabildo que se hiciera cargo de dotar a la villa de regimiento y ordenanzas necesarias para asegurar la paz y la prosperidad, y de elegir anualmente entre los vecinos a las personas idóneas para la administración de justicia siguiendo los preceptos de la tradición jurídica castellana que pasaron a las Indias. (Becerra Jiménez, 2008: 11 y 12).

[19] Se traduce como lugar entre o junto a los Chichimecas o “perros salvajes”, pues los Chichimecas se convirtieron para los estancieros españoles en un enemigo invisible, la sorpresa y la emboscada eran su arma más efectiva (Gómez Mata Carlos, Lagos indio, U. de G., 206:37; Gutiérrez Gutiérrez, José Antonio, “Los Altos de Jalisco”, CONACULTA 1991:88,93).

[20] AHJ. Archivo Histórico del Estado de Jalisco, Instrumentos Públicos, Ramo Tierras y Aguas, “Instrumentos de San Nicolás de la Estanzuela”.

[21] AHJ. Archivo Histórico del Estado de Jalisco, Instrumentos Públicos, Ramo Tierras y Aguas, “Instrumentos de San Antonio de los Sauces”.

[22] AHJ. Archivo Histórico del Estado de Jalisco, Instrumentos Públicos, Ramo Tierras y Aguas, “Instrumentos del Mayorazgo de Ciénega de Mata”.

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